Algo hay que no sé hacer bien que provoca que no pueda salir del mismo esquema.
Que se repita constantemente, cambiando de personajes, eso sí.
Y es ahí, en ese momento de hundimiento hasta el núcleo terreste,
cuando aparecen algunas sorpresas.
Quien menos te lo esperas también puede salvarte,
te enciende la luz,
te ayuda con un empujón,
te tiende la mano.
Y tú lo flipas fuerte,
lo agradeces sin hablar
y te marchas con viento fresco.
Hoy aún no,
pero mañana será otro día
y tiene que ser el día.
Por narices,
que ya toca.
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