Si estás de paso, puedes ir recogiendo tus cosas porque no quiero inquilinos molestos. Que no es que me incomodes, es que no tengo ganas de explicarte el funcionamiento para que luego huyas con toda la información. Y no me refiero a que te asustes y, por ello, salgas corriendo, si no a que te vendas al mejor postor. A que sepas a lo que vienes y cuando lo obtengas, no te importe nada más.
Necesito alguien que habite aquí a largo plazo, a poder ser indefinidamente. Pero por el momento poco a poco. Viendo como van sucediéndose los acontecimientos y con ganas de quedarse. Sobre todo eso. Que da pereza tener que hacer limpieza general, máxime si hablamos de algo efímero. Ya no me apetece que, al acabar, en vez de sentarme a disfrutar de una cerveza, tenga que volver a empezar a recoger porque otra vez ha vuelto a ensuciarse todo. No quiero otro desastre que acabar arreglando sola. Es que estoy un poco vaga últimamente, pero tampoco me da la vida para más. En realidad creo que es más bien eso. Economía del tiempo, llamémoslo así.
No tengo tiempo de nada y el poco que me sobra me niego a invertirlo en recoger. De ahí que esté todo tan desordenado. Pero si te lo tomas con calma verás que al final no se está tan mal y acabarás por cogerle cariño al desastre entre el que me muevo. Que habitar ya son palabras mayores, mayúsculas mas bien. No te asuses, sé que las primeras impresiones son un poco malas. Pero no te fíes de ellas que suelen engañar. Bueno, engañamos. Todos.
Lo dicho, si tienes tiempo te invito a pasar. A visitar el caos, hasta a arreglarlo si te apetece, que solucionar las cosas a medias no me produce tanto rechazo. Acomódate, yo saco unas cervezas. Podemos empezar hilando temas de conversación y adornarlos de vez en cuando con unas risas. También tengo aceitunas. Y patatas fritas. Y de las lights, si eres más de guardar la línea.
Pasa, siéntete como en casa. Eso sí, con calma porque si tienes prisa, creo que soy yo quien no tiene tiempo.