Parece ser que 2014 tenía preparado un gran acontecimiento en noviembre que compensase un año tan (ir)regular. El protagonista, el SEÑOR IVÁN FERREIRO; el evento, un conciertazo. De estos que cuando sales, además de temblarte las piernas, sueltas aliviada un 'Ya me puedo morir tranquila'. Porque un señor que empieza algo tan bonito llevándote a Twin Peaks, se lo merece.
Continuó hablando de El Bosón de Higgs y cómo afectaba todo aquello en el Valle Miñor para acabar diciendo que El equilibrio es imposible (un poco tempranamente) y que quienes dicen ser felices muchas veces tienen caras muy tristes. Entrado en calor y con ganas de bailar, llegó el Pájaro azul que hizo a todos mover los pies y las caderas, dio fuerza a las gargantas y animaba a aplaudir todo el rato. Minutos después llegaba la primera versión de la noche. Una pervesión catastrófica (como acostumbra a decir), pero de lo más bonitapreciosa. Porque anoche, Iván quería ser un poco Julio Iglesias y, por si la elegancia del traje no fuese suficiente, nos deleitó con Abrázame.
Con Bambi Ramone volvió la marcha, para sumergirnos otra vez en el drama con temazos varios como Me toca tirar, Chainatown, El fin de la eternidad, Inerte, Jet Lag y Tristeza. Y volvió la fiesta de los Aliens que se creen Romeos, pero sin Julietas Predators, pero sonando igual de estupendo. Y más marcha, porque Cómo conocí a vuestra madre es una preciosidad (es más, será la canción de mi boda. Saludo desde aquí a mi marido del futuro para que vaya haciéndose una idea de lo que le va a tocar) y las ganas de salir por la ventana de la habitación y volar hasta NYC. Le cantó a la Santadrenalina de los Años 80 en medio de El viaje de Chihiro. De Solaris y los Pandelirios (palabra que me parece infinitamente preciosa) y se fue cantando el adiós.
Volvió solo para cantar mano a mano con su piano. Decía que ya no canta Ciudadano A, pero que iba siendo hora de recordar a determinadas personas algunas cosillas. Y todas las voces fueron una, y el Antzoki se llenó de la rabia necesaria para que el mensaje surtiera efecto. Para retomar la segunda ronda de perversiones, dio tres opciones: en primer lugar Destruye de Ilegales; en segundo, Vidas cruzadas de Quique González y, por último, 1999 de Love of Lesbian. Decía que la que más le apetecía era la primera de las propuestas, pero que iba a cantar las tres. Y cumplió. Y nosotros, que mientras Iván tocaba Insurrección, éramos quienes le poníamos voz, excepto un pequeño lapsus colectivo que él se encargó de corregir para concluir que hay algunas Promesas que no valen nada.
Volvió solo para cantar mano a mano con su piano. Decía que ya no canta Ciudadano A, pero que iba siendo hora de recordar a determinadas personas algunas cosillas. Y todas las voces fueron una, y el Antzoki se llenó de la rabia necesaria para que el mensaje surtiera efecto. Para retomar la segunda ronda de perversiones, dio tres opciones: en primer lugar Destruye de Ilegales; en segundo, Vidas cruzadas de Quique González y, por último, 1999 de Love of Lesbian. Decía que la que más le apetecía era la primera de las propuestas, pero que iba a cantar las tres. Y cumplió. Y nosotros, que mientras Iván tocaba Insurrección, éramos quienes le poníamos voz, excepto un pequeño lapsus colectivo que él se encargó de corregir para concluir que hay algunas Promesas que no valen nada.
Cerca del fin, el escenario volvió a llenarse para hablar de inquietudes que persiguen el alma. Y para Turnedo. Y ya cuando pensábamos que no quedaba nada por cantar, ni con lo que sorprender, habló de El dormilón para acabar despidiéndose con eso de Mi furia paranoica.
Y todo acabó entre abrazos y besos. Y muchos aplausos.
Y yo no quiero volver, no me repitas jamás
que no sabes qué hora es
las 7.27 o ¿no?, ya terminé.
No te echaré de menos en septiembre,
verano muerto, veré a las chicas pasar.
Será como aquella canción de los años 80,
seré como el tipo que algún día fui.




