sábado, 22 de noviembre de 2014

Eléctrico

Puedo afirmar y afirmo que el de anoche fue el mejor concierto de Supersubmarina al que he ido. Es posible que fuese por el buenorrismo subido del que estaba Chino (y del que era plenamente consciente), el efecto de las nuevas canciones, las ganas locas o la mezcla de todo, no sé.

Empezamos con unos paisanos, amantes de la puchera y que le cantan cosas bonitas a los sapos. Hasta el punto de dedicarles un vals. Mild-Ellas supieron molar, como la anterior vez que nos hicieron mover los pies, y desde la que hacía mucho tiempo. Demasiado.

Hasta ayer, Mild; a partir de ahora, Ellas

Cambio de instrumentos después, irrumpieron en el escenario el señor de Japón y sus amigos que decían cosas de Samurai para hacerlo como siempre, es decir, genial. Debo reconocer que ardía en ganas de chillar aquello de darte un par de abrazos y explotar y soltar lagrimilla con De las dudas infinitas o Para dormir cuando no estés, pero me quedé con las ganas. Aunque pensándolo bien, aquello era una fiesta, no un drama.

Del repertorio, salvo lo arriba mencionado, ni una pega. Además de todo lo que se relaciona con el Viento de cara, por allí se pasearon Hermética, Tecnicolor y las Hogueras de la Santacruz. Niebla, los sususususususpensos de Supersubmarina y la Ola de calor. También la Puta Vida de un Kevin McAllister un poco tempranero (pero que nunca dejará de pensar en horizontal mientras suenan los MGMT). Y como final, y como siempre, e igual que siempre, vinieron los números. El Cientocero ese que cuando tus ojos se dilatan, me dice que esta noche has metido la pata y que te estás quedando conmigo. Pero esto no ha hecho más que empezar (aunque en este caso se acababa).

Hubo hueco para el euskera, para el eskerrik asko andalúz. Y para hablar de su primera vasca vez. De escuchar Benzemá en vez de beste bat. Y de hacer monólogo lesbiano (en este caso mini) en alusión a esas cosas tan... incalificables que suceden por aquí. Y el adiós. Y el hasta siempre.

Ya me dí por muerto una ocasión y hace tiempo que dije que no,
que no te volvería a perdonar, pero no quiero estar sin verte más.
Necesito un poco de piedad, darte un par de abrazos y explotar,
pero no me dejas otra opción, siempre eliges mal, crees que es lo mejor.
Y yo no puedo más, yo ya no puedo más.

















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