No he visto una despedida más bonita que la de anoche.
Aunque empezase regular.
Pasar de la placidez de mi cama al frío de la calle, con el calor de tus abrazos.
A tus miles de intentos por robarme un beso, pero sin soltarme.
De mi inmensa fuerza de voluntad por resistirme a ti.
De acabar cayendo en lo de siempre, pero terminar abrazados como nunca.
De susurrarme al oído todo lo que tenías que decirme.
De impedirme llorar, aunque las lágrimas cayesen solas.
De volver a casa como de costumbre, pero diferentes.