jueves, 30 de junio de 2016

Turistas

Soy tan patéticamente optimista que creo que todo el mundo tiene algo bueno. Sí, aunque a mí no me lo demuestren. Y me quedo esperando a que pase algo porque lo más recóndito de mi cerebro así me lo dice. Y a la misma vez veo que soy inmensamente gilipollas. Pero sigo pensándolo.

Maldita la hora en la que leí lo del hilo rojo del destino porque, como si aún creyera en los reyes magos, espero el avance. La jugada maestra, el movimiento decisivo que haga que mi estúpido optimismo merezca la pena. Como si todo fuera a acabar como La dama y el vagabundo comiendo espaguetis. Dos partes que se imantan hasta encontrarse en el mismo punto. Punto que debe ser el Triángulo de las Bermudas.

A ti también te maldigo, Disney. Ya no por los príncipes azules, que esos ni siquiera me interesan, pero sí por los finales felices. O unos menos tristes. O simplemente un final.

jueves, 23 de junio de 2016

Desafinado amor

Quiero volver a volver.
A ser contigo, pero sin ti.
A no verte en otras caras,
a no olerte en otra ropa, 
a no pensarte en cada asociación.
A no asociarte con todo, mejor.
A no escucharte en mis canciones,
y a no escribirte en cada palabra.

lunes, 20 de junio de 2016

Nos gusta hacernos daño

Hoy me has pillado de buenas. Tanto, que voy a dejarte elegir la imagen que quieres que tenga de ti. Dudo entre tacharte de cobarde y algo que no sé definir, pero que se resumiría en 'tener un nivel de hijoputismo bastante interesante'. Elige, de verdad. Medítalo si es necesario. Debate contigo mismo, pero respóndeme.

Llevaba tantos días intentando entender que he dejado de hacerlo porque me ocupa a jornada completa. Y la verdad es que al final del día no me compensa. Me duele(s) la cabeza.

Me he prometido no mover más mierda, aunque tengo tanto que decirte. Y muy poco que contarte. Un día tuve ambas, pero ya no. Has dejado de merecerte que te cuente según qué. Quién iba a decir que eso también se ganaba. Y se perdía.

Perderse, como tú. Igual es que eres un fantasma y aún no me había enterado. Porque desapareces, y sin hacer ¡chas! Y sin aparecer, y menos a mi lado.

De lado, igual que llegó la pena. La del todo que acaba siendo nada. La del 24/7 que, de un día para otro, se vuelve 0.0%. Como las cervezas. Y no se me ocurre mejor comparación. Y es que creo que no la hay.

Pensándolo mejor, ya no te dejo elegir. Eres como una cerveza sin alcohol. Sí, así eres. Te hace el apaño, pero no es lo mismo. Aunque para mí lo tenías todo, pero tú solito te lo quitaste. Y lo quitaste todo. Y del todo. Y has acabado por dejarme sin nada. Bueno, has acabado por dejarme a medias, que tampoco voy a menospreciar mi trabajo.

Seguiré probando botellines, murmurando el abecedario entre chapas como si aún viviera en 2008. Como si nunca me hubiesen roto por dentro. Como si nunca hubiera tenido que recomponerme.

jueves, 16 de junio de 2016

Esperamiento nº 123

Unas veces por no hacerlo, pero sí;
y otras por hacerlo, pero no.

lunes, 13 de junio de 2016

Esta no será otra canción de amor

Una vez leí que no adoras las canciones, adoras a quien te recuerdan. Y, de la misma manera, acabas odiándolas. Me empeñé en negarlo. A mí me gustaban las canciones y no sus asociaciones, aunque a veces era inevitable que algunas acabaran tendiendo un nombre propio detrás.

Hoy, de repente, he apoyado aquellas rotundas afirmaciones. Haciendo memoria me he dado cuenta de que, para mí, también es una verdad de las dimensiones de cualquier templo no muy pequeño. No hablaré de odiar, si no de aborrecer, puesto que me niego a relacionar una canción con un sentimiento tan negativo. Aunque haya algunas que se lo merezcan.

Aborrezco Coldpay por un gran fanático que acabó esfumándose después de pedir uno de los perdones menos sinceros que recuerdo. Aborrezco Oasis por aquel que se empeñó en hacer que me gustasen a base de conciertos acústico-privados en paños menores. Tampoco soporto algunas canciones de Maná, ni sus expresiones, por culpa de otro. Y ahora, estoy empezando a aborrecer Imagine Dragons aunque ni siquiera llegasen a gustarme, menos mal.

Espero que el próximo tampoco tenga mi mismo gusto musical, porque acabar aborreciendo alguna canción de las que sí adoro, sería mucho peor que tener que decirle adiós, o hasta luego en el mejor de los casos, a un imbécil más.

lunes, 6 de junio de 2016

Esperamiento nº 122

Debería ponerme en forma,
pero, últimamente, prefiero perderla(s).