lunes, 13 de junio de 2016

Esta no será otra canción de amor

Una vez leí que no adoras las canciones, adoras a quien te recuerdan. Y, de la misma manera, acabas odiándolas. Me empeñé en negarlo. A mí me gustaban las canciones y no sus asociaciones, aunque a veces era inevitable que algunas acabaran tendiendo un nombre propio detrás.

Hoy, de repente, he apoyado aquellas rotundas afirmaciones. Haciendo memoria me he dado cuenta de que, para mí, también es una verdad de las dimensiones de cualquier templo no muy pequeño. No hablaré de odiar, si no de aborrecer, puesto que me niego a relacionar una canción con un sentimiento tan negativo. Aunque haya algunas que se lo merezcan.

Aborrezco Coldpay por un gran fanático que acabó esfumándose después de pedir uno de los perdones menos sinceros que recuerdo. Aborrezco Oasis por aquel que se empeñó en hacer que me gustasen a base de conciertos acústico-privados en paños menores. Tampoco soporto algunas canciones de Maná, ni sus expresiones, por culpa de otro. Y ahora, estoy empezando a aborrecer Imagine Dragons aunque ni siquiera llegasen a gustarme, menos mal.

Espero que el próximo tampoco tenga mi mismo gusto musical, porque acabar aborreciendo alguna canción de las que sí adoro, sería mucho peor que tener que decirle adiós, o hasta luego en el mejor de los casos, a un imbécil más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario