lunes, 20 de junio de 2016

Nos gusta hacernos daño

Hoy me has pillado de buenas. Tanto, que voy a dejarte elegir la imagen que quieres que tenga de ti. Dudo entre tacharte de cobarde y algo que no sé definir, pero que se resumiría en 'tener un nivel de hijoputismo bastante interesante'. Elige, de verdad. Medítalo si es necesario. Debate contigo mismo, pero respóndeme.

Llevaba tantos días intentando entender que he dejado de hacerlo porque me ocupa a jornada completa. Y la verdad es que al final del día no me compensa. Me duele(s) la cabeza.

Me he prometido no mover más mierda, aunque tengo tanto que decirte. Y muy poco que contarte. Un día tuve ambas, pero ya no. Has dejado de merecerte que te cuente según qué. Quién iba a decir que eso también se ganaba. Y se perdía.

Perderse, como tú. Igual es que eres un fantasma y aún no me había enterado. Porque desapareces, y sin hacer ¡chas! Y sin aparecer, y menos a mi lado.

De lado, igual que llegó la pena. La del todo que acaba siendo nada. La del 24/7 que, de un día para otro, se vuelve 0.0%. Como las cervezas. Y no se me ocurre mejor comparación. Y es que creo que no la hay.

Pensándolo mejor, ya no te dejo elegir. Eres como una cerveza sin alcohol. Sí, así eres. Te hace el apaño, pero no es lo mismo. Aunque para mí lo tenías todo, pero tú solito te lo quitaste. Y lo quitaste todo. Y del todo. Y has acabado por dejarme sin nada. Bueno, has acabado por dejarme a medias, que tampoco voy a menospreciar mi trabajo.

Seguiré probando botellines, murmurando el abecedario entre chapas como si aún viviera en 2008. Como si nunca me hubiesen roto por dentro. Como si nunca hubiera tenido que recomponerme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario