Y, de repente, volvió el pumpum, aunque no sabía de dónde venía. Lejos estaba, eso era evidente, pero no cuánto ni porqué. Nueva nota mental: no inicies conversaciones que, en realidad, no te apetecen ni esperes que te acompañen en cada cerveza, se dijo al mismo tiempo que sabía que no iba a cumplir nada de eso. Aquella nota ni se había anclado en su corcho cerebral, ni iba a hacerlo. De hecho, fue triturada justo después de teclear el último punto.
Inestable, inconstante, insegura que es una.
Con lo bien que estaba el pumpum en el olvido, fuese quien fuese el culpable. Pero debe de ser que también era inquieta, aunque pensase de sí misma que era lo más vago del mundo. Joder, si es que tampoco pedía tanto, o eso pensaba. Se acostumbró a dar sin pedir nada a cambio y, aunque se le hacía raro, poco a poco iba animándose a soltar pequeñas sugerencias, como quien va lanzando semillas por si con suerte un día acaban por germinar.
Pero ya se sabe que eso no pasa de un día para otro. Que había que regar, pero en su justa medida que si no se ahoga. Lo único que tenía claro es que no serían sus lágrimas.