Me invade la pereza y a veces me pesa hasta la existencia.
Como vivir en una menstruación continua,
un baile de hormonas sin fin.
Descalzas, porque si llevasen tacones
hace un buen rato que hubieran parado.
Y con pilas Duracell.
Como tampoco beben agua,
no necesitan ni retirarse al excusado.
Agotador.
Se me olvida el sueño.
Mejor dicho, ya ni me visita.
Hago más veces al día la croqueta
que todas las que puedo comerme a lo largo del año.
De jamón, eso sí.
Me autosorprendo, me defraudo y repito.
Soy como ese ajo que, se supone, debería espantar a las brujas
y lo único que hace es repetirse como si fuera un disco rayado.
Vivir por inercia no es vivir,
bien podría cantarlo Sergio Dalma.
Drama, la dislexia.
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