El marketing aplicado a las relaciones personales. O viceversa. Y, joder, nunca se me hubiera ocurrido.
Empiezas la noche buscando un intercambio, una mera transacción. Alguien que te permita volver más contento a casa y mucho más ligero de lo que saliste. Y lo logras. Y buscas la repetición porque no eres nada sin tu cliente. Satisfacción de las necesidades del consumidor, pero antes las propias. Que al final acaban siendo las mismas, pero desde dos perspectivas diferentes.
Con los días, habrá uno que se interese por crear una relación, por fidelizar(se), por ofrecer el mejor servicio post-venta posible. Pero no te interesa, eso no guarda relación alguna con tus objetivos propuestos. Vamos, que ni el más mínimo interés. Tú, que solo querías tener más información, alimentar tu base de datos, satisfacer deseos a corto plazo sin ninguna intención de que eso perdure en el tiempo.
Te hablan de CRM y demás cosas que te suenan a chino y que ni piensas averiguar. Has conseguido lo que querías y crees que la obsolescencia programada a veces tiene cara. Y olvidas que también algo más. Pero, sobre todo, no te estás dando cuenta de que actuar así con tu cliente acabará pasándote factura. No tienes enfoque de marketing, aunque por no tener no tienes nada en tu cavidad interpectoral. Y qué triste.
Y ha sido así, como en medio de una clase de marketing, alguien que desconoce lo que ronda mi cabeza, ha hecho la radiografía más acertada de mi cerebro y todos los órganos en los que tiene influencia. Qué ironía que haya sido el marketing quien me haya dado un hostiazo de realidad, en vez de venderme cosas. Cómo desconocemos los conceptos y qué mal los usamos siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario