jueves, 27 de octubre de 2016

Pregúntale al polvo

Me volví moñas a base del drama que me produjeron las últimas hostias. Y creo que se está tan calentito aquí que ya no me apetece irme. Bueno, apetecerme igual sí; la cosa es que aún no me animo. Me he acostumbrado tanto a este nuevo modus operandi que es difícil acabar con la rutina impuesta hace un par de años. A veces innovar no es tan fácil.

Me volvió moñas alguien que ya no me preocupa lo más mínimo. Yo, defensora del antimoñismo hasta la saciedad, sufridora del vómito de unicornio hasta la urticaria y alguien que pensó que, por mucho que pasase página, quien me volvió moñas había escrito apretando tanto que siempre iba a quedar marca. Pues no.

Al final es verdad eso de que las cicatrices curan. Y lo digo yo, que últimamente no hago más que comprar abonos para la apertura de las mismas ilimitadamente. Bueno, y con ayuda externa, que el prójimo también sabe hacerlo estupendamente. Sobre todo si no se es perceptor del dolor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario