Pudo decir tanto
que optó por no decir nada.
Pudo haber soltado el nudo,
pero prefirió añadir más lastre.
Pudo hacer las cosas bien
y decidió hacerlas a su manera.
A la que nadie más entendía
y con la que tampoco se sintió bien.
Y, para demostrar su arrepentimiento,
simplemente guardó silencio.
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