Cuando tu ausencia deja de dolerme, retomo la vieja costumbre que inicié contigo. Me dejo atrapar por el Voy a hacerme daño, ¿me quieres ayudar? Porque nada es tú si no duele, aunque sea un poco. De hecho creo que contigo me dolía hasta ser feliz, mucho más que las noches de drama.
He disfrazado los recuerdos y ahora mismo están tan adulterados que no pondría la mano en el fuego por saber qué es lo que de verdad pasó. Ni tampoco qué es lo que me queda. Y es normal. Sin entender nada desde el principio no puedo llegar a conclusión alguna a estas alturas.
Debió de ser que me cegaste, que ensordecí con tu voz, que por ti perdí hasta el tacto, que desde entonces todos huelen a ti. Y que ahora, ya no me gusta nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario