Suena el despertador, lo paras, te duchas
y te pones lo primero que pillas
con la poca luz que entra del pasillo.
Antes de salir,
te das cuenta de que se te ha olvidado algo,
y vuelves.
Vuelves para besarme la frente,
para aspirar el olor de mi pelo
y acariciarme la mejilla.
Lo haces porque crees que duermo,
pero sólo estoy fingiendo.
Y lo hago porque sé que,
de otra forma, no te hubieras atrevido.
Te marchas a trabajar y yo me quedo en tu cama.
Guardando el calor,
oliendo a ti,
soñando contigo.
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