Esta vez me toca(ba) tirar. En enero me lo perdí y me dolió el corazón, así que cuando me enteré de que Iván volvía a visitar el Botxo, no me lo podía perder. Mi religión me lo impedía poderosamente. Y así fue ¡Si hasta compré las entradas 3 meses antes! Prevención, que dicen.
Total, que llegamos justo para escuchar El bosón de Higgs en un Antzoki hiperabarrotado, como siempre que este señor se acerca y tienen que colgar el 'sold out'. Ahí dentro nada estaba interte, aunque por un puñado de canciones el tiempo pareció deternerse para revelarnos toda la verdad.
El señor Iván Ferreiro hilaba canciones para el tiempo y la distancia. Y lo que surgiera. Mientras tanto, un pájaro azul revoloteaba entre los cientos de cabezas que allí se reunieron. Volvimos una vez más a iniciar el viaje de Chihiro, dedicándole un ratito a Tupolev. Lo justo para que nos contara dónde estaban todas esas cosas buenas.
La otra mitad descubrió que enconrar el equilibrio (no) es imposible, por mucho dies irae que hubiera. Porque Iván solo sabe emanar Santadrenalina, tanta que con un poco de ayuda podría acabar con la extrema pobreza de más de un corazón humano. Y llevarle hasta dondenosabidusienta, ahí es nada.
También nos llevó hasta NYC a través de el pensamiento circular, delatando a cualquier farsante que se interpusiera en el camino. Una vez más, volvimos a pronunciar a coro esas promesas que no valen nada y a rendirle homenaje a los Años 80.
Admiramos un poquito los restos del amor y nos habló de cómo conocí a vuestra madre, y de lo preciosos que eran los besos en SPNB. Finalmente, ya iba siendo hora de despertar a El dormilón, invocar a Turnedo y pegarse un buen afterparty. En su honor y en el de todos.
Grcias señor por dos horas y pico que nos hicieron sentir como en casa, a pesar del calor infernal que ahí dentro hacía.

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