Puse todas mis expectativas en el otoño, sobretodo en octubre. Meses y meses diciendo para el mes hasta que llega y no consigue alterar nada. Esperé unos días con las mismas ansias con las que se espera el verano. Hasta que se me fueron pasando. Sabía que ahora no haría calor, ni playa, solo cafés calientes y hojas en el suelo.
Debió de ser que el empiece de septiembre puso todo muy difícil. Empezó bien y casi podría afirmar que acabó mejor. Y, ¿qué iba a hacer el pobre octubre en esta situación? Superarlo era casi imposible, mejorarlo una muy remota probabilidad. Así que pasó lo que tenía que pasar, inició la cuesta abajo de todo aquello que fue inflándose a la velocidad de la luz. Como si hubiera escupido al cielo y ahora lloviesen mis propias babas.
Octubre está siendo muy otoño, casi podría considerarlo invierno. Pero no hay que perder la esperanza en Halloween, quién sabe si el décimo mes decide venirse arriba e intenta autoarreglarse. Aunque si lo va a hacer peor, que se quede como está.
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