Había visto algunos laberintos con menos recovecos,
incluso diría que, en comparación,
aquel retorcido camino tenía luces que indicaban por dónde pasar.
Buscar la salida a oscuras daba miedo,
tanto por qué aparecería delante
como por todo lo que se iba dejando atrás.
Lo bueno de las cosas difíciles es que el final siempre lo compensa todo.
Y aquello fácil no estaba siendo precisamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario