He vuelto a hacer el imbécil y esta vez creo que apruebo con nota.
He leído un libro que me ha roto tantísimo que no he podido reprimir el impulso de mandarle un mail al autor para decirle que soy su versión a medio gas, entre otras cosas.
Y me ha respondido.
Y me invade tanto la emoción de este frikismo dramático que la ridiculez del momento carece de importancia.
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