Vivir sin drama me sube el azúcar.
Cuando me rodea el gris, lo ñoño pasa a convertirse en el día a día; pero al volver la luz, el mundo de arcoiris y unicornios vuelve a producirme la misma urticaria.
No se puede ser más bipolar. Y además, sufrirlo sin cura. Pero, ¿qué sería de todo si no hubiesen altibajos? ¿Qué podría tener de emocionante vivir en línea recta? ¿Qué sería de mí sin el mareo que produce un camino de curvas?
Si inventaron el anti-mareo, no fue para que no viajemos, si no para que no temamos el camino si lo que queremos es llegar a un destino concreto.
Viajemos, que la experiencia siempre compensará el precio del peaje.
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