lunes, 16 de marzo de 2015

Más de una vez

Esperó porque le habían dicho muchas veces que todo lo bueno tarda, pero llega. Tal vez demasiadas. Y, aunque prometió no echarle en cara que llegara tarde, sabía que acabaría lanzándole pullitas desde el cariño.

Estiró las piernas un poco y volvió a sentarse un rato más. No podría soportar la espera de pie.

Vió como pasaban los minutos. Como se agrupaban en horas que acababan siendo días que contar por semanas. Llegaron a convertirse en meses, incluso en años, para al final darse cuenta de que lo único que se le pasaba era la vida.

Y todo porque la esperanza es lo último que se pierde.

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