Me cansé de ti. Y de hundirme en tu mierda. En tus pocas ganas, que acabaron con todas las mías.
Rellené el cupo de muchas cosas. Como para toda la vida. Cosas que nadie más podrá disfrutar gracias a la sobredosis que me has causado.
Porque sí, podría decir que durante todo este tiempo has sido como mi droga. De la buena, pero comercializada en tristes migajas que me servían para semanas. Hasta cuando decidías volver a mí.
Y yo te esperaba. Con mariposas en el estómago y tanta sed de ti que pareciera que acabase de atravesar un desierto. El de tus ausencias, el de tus silencios adornados por el oasis de tu interés.
Lo único bueno que tiene el que me hayas dejado tan vacía de ganas y tan llena de tiempo malgastado, es que ya no tengo nada que perder. No contigo.
Y espero que no vuelvas. Y no quiero que vuelvas más. Y si lo haces, ya no te estaré esperando. Porque vi pasar tantos trenes mientras te esperaba, que al final dejé la estación para que nadie supiera de tu abandono.
Ahora solo pienso en recorrer el mundo en cualquier medio de transporte. Cualquier mundo puede ser bueno si no estás tú, y del transporte mejor no hablemos. Porque solo tú dañabas la capa de ozono que me envolvía. Y mucho peor ya no se puede hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario