Me caigo tantas veces que ya hasta pienso que me tiro.
Que me gusta hacerme daño, que me he vuelto fan de los saltos al vacío.
Me lanzo sin coraza, porque me la quitase
y aún no he sabido en qué vertedero me espera,
aunque no sé si la echo de menos por acostumbrarme a lo que ya no pesa.
Porque ya solo me pesas tú y mis hombros no responden,
pero no hay forma de desprenderme de la mochila.
Agradeceré que solo está por la mitad, como los vasos de los pesimistas,
porque si pienso en cosas buenas se llena más
y al final será la carga la que me hunda.
Me perderé en el fondo del mar, de ese que a veces lleno con lágrimas.
Con las que no caen al suelo, ni tampoco a tus hombros.
Y daño, de eso también sabes mucho.
Y tonta yo que me dedico a estudiar tus debilidades
para nunca bajar la guardia de tus 'ysis'
y al final soy quien no tiene defensas propias,
porque para los demás me sobran.
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