Me siento orgullosa de mí misma. Por primera vez en mucho tiempo he sido capaz de respetar esos límites que, no hace tanto, sólo estaban en mi cabeza.
Me juraba y perjuraba que había ciertas cosas que jamás volvería a hacer. Pero siempre caía, porque el ser humano es muy de tropezar infinias veces con lo que sea.
Me alegro por mí misma y por el pequeño gran paso, aunque en el fondo me esté quedando con las ganas y eso haga que me duela un poco el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario