Te esperé tanto tiempo que los relojes del mundo se quedaron sin pilas. Y yo sin fuerzas.
Volviste con energías renovadas, buscando lo malo conocido, y te topaste con lo peor por encontrar.
Me mudé de casa. No quería puertas ni ventanas, por si se abrían. Por si tú te abrías paso. Muros del medievo, para que, aunque te desgañitases, no pudiera escuchar tu voz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario