Llegó a casa y la encontró vacía, solo una carta sobre la mesa de la cocina. Olía a cerrado, a despedida con dolor, a dolor de corazón, a lo amargo del adiós.
Me jode ser así. Me jode infinito romperme y ver cómo se esparcen los pedazos delante de alguien. Alguien que quiere frenar mi caída con pocas fuerzas porque en el fondo le da igual. Y yo ahí, tirada, avergonzada y con lágrimas de demasiados quilates en unos ojos que al final siempre acaban igual. Que lo saben desde el momento en el que empiezan las cosas, pero que se dejan llevar. Y lo hacen porque el motor nos engaña una vez más a los tres, a ellos dos y a mí.
Y yo y mis dramas.
Y tú y los tuyos.
Y yo que me los creo.
Y tú que solo bromeas.
Me retiro por cansancio físico, mental y cardiológico. Porque ya no quiero poder, ni puedo querer seguir sabiendo que al final volveré a ahogar las noches en lágrimas y no habrá abrazos, porque todo esto es un secreto.
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